
Cada año nos vuelve a pasar, pero no tenemos otra opción.
Cuando llega el calor, esa sensación pegajosa que te abraza constantemente, el muy insensible se ceba sin piedad con esa parte de nuestro cuerpo que sufre en el más absoluto silencio los embites de las sandalias, los apretujones de los zapatos, el sopor de los botines (tenis, en mi pueblo). Da igual lo que te pongas.
Es que realmente da lo mismo.
Las horas de oficina, estés donde estés, obligan a tus maltrechos piés a sudar sin remedio. Y luego, claro, al llegar a casa, cometes el mayor error de todos: QUITARTE LOS ZAPATOS Y ANDAR DESCALZO.
Sí, se preguntarán ustedes, vecinos/as y/o amiguitos/as...¿por qué? ¿es que acaso no hay mayor placer que el de sentir el frío marmol en nuestras durezas? ¿dejar que se seque el sudor de las plantas con el suelo de nuestros bien amados kelis? No lo hay, sin duda, peeeero....
Peeeero....
Ya sea porque los electricistas te jodan la siesta para dejarte alumbraditos los rincones de tu salón, o porque un perro decida mudar pelo involuntariamente, o porque lleves 4 días sin tener fuerzas de pasar la escoba porque "siempre hay algo que hacer por las tardes"...la realidad es que los piés, esos colegas de toda la vida que son los que "más te aguantan" del mundo (tiene mérito eso, eh?), esos apéndices que sólo son felices en las playas, remojados y tomando el sol junto a sus dueños...
... se ponen guarros de cojones.
¿Que no?
__j
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